El arte de vender mierda

¿Y si nos inventamos una terapia alternativa?

En esto de las pseudociencias, pseudoterapias y demás mundos fantásticos, si hay algo claro es que, una vez que nos enteramos de alguna nueva ocurrencia, por increíble que sea, pasa a ser sustituida por otra más disparatada en breve tiempo. Y es que no hay límites conocidos.

Así que, ¿y si nos inventamos de la nada una terapia alternativa? ¿Qué posibilidades hay de que sea tomada en serio? No tomada en serio por la gente en general, sino por instituciones públicas, incluso en las más altas esferas, y que sea tenida en cuenta por “expertos” en terapias alternativas (nótese que uso este término como sinónimo de pseudoterapia). ¿Qué esperanza habría de que, incluso, se realicen pedidos para esta nueva terapia?

Esto es lo que Fernando Cervera nos cuenta en su libro “El arte de vender mierda“, porque lo que ellos (él mismo y su colaborador Mariano Collantes) nos cuentan es cómo, desde la nada, se inventan una terapia llamada fecomagnetismo, que consiste en diluir heces en proporciones homeopáticas y hacerla pasar por potentes campos magnéticos para curar todo tipo de dolencias. Si acaban siendo creídos o no, eso es algo que deben descubrir leyendo el magnífico libro que ha resultado del proyecto, en el que no sólo se habla de todo el proceso seguido desde hace años hasta que lo dieron por finalizado, sino que se cuenta de un modo muy diáfano cómo funciona la ciencia, por qué el método científico es lo mejor que tenemos y cómo de sano es una buena educación en el escepticismo desde las edades escolares.

Cervera me recordó también un párrafo que yo tenía subrayado del libro de Broch “Magos, gurús y sabios“, del que ya hablamos aquí, donde se apuntaba lo mismo: la importancia de enseñar la ciencia a través de la pseudociencia. Dice Cervera:

“… el primer paso para eliminar de nuestra sociedad las estafas pseudocientíficas es hablar en los colegios de forma más extensa sobre el pensamiento crítico y las pseudociencias … una de las mejores formas de enseñar ciencia es explicar por qué las pseudociencias no funcionan“.

Para finalizar, un párrafo que expresa una sensación con la que me sentí identificado, algo común a los que llevamos años peleando contra estas ideas estancadas en el pasado y la ignorancia. El sentimiento que se expresa en las siguientes palabras es, tristemente, correcto:

“Lo que al principio nos inspiraba ironía y ganas de mofa, al final nos transmitía indignación y tristeza”

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