Mendel, ciencia, intuición e … ¿impostura?. Parte I.

Se cumple este año el 150 aniversario del comienzo de los experimentos de Gregor Mendel, en 1856, en la planta del guisante. Según su biografía, Mendel fue llevado a la Abadía de Santo Tomás, en Brno, en aquel entonces dominios del Imperio Austro-Húngaro, por su padre, una especie de jardinero-horticultor, más bien humilde en recursos económicos, pero que supo imprimir a su hijo una capacidad de observación bastante notable.

Al margen de datos biográficos, al enterarme de esta efemérides recordé dos cosas: la primera, lo mucho que se ha hablado de si Darwin conoció o no los asuntos mendelianos, y la segunda, que trataré a continuación, si realizó o no sus famosos experimentos.

Mendel descubrió que los caracteres que se heredan viajan, generación tras generación, en unas “partículas” de las que se poseen dos para cada carácter. Cada progenitor le proporciona a su descendencia una de esas partículas (pues por el proceso de meiosis, la dotación cromosómica se reduce a la mitad … pero de esto, Mendel ni sospechaba, ni él ni el resto de la comunidad científica).

Con una gran paciencia, obtuvo variedades puras de diferentes caracteres, para la planta del guisante, esto es, que una planta concreta poseía dos “partículas” para ese carácter, idénticas, habiendo dos posibles expresiones de ese carácter, por ejemplo, color de la semilla verde y amarilla. En total, trabajó con siete caracteres:

  • Forma de la semilla: lisa o rugosa
  • Color de la semilla: amarillo o verde.
  • Color de la Flor: púrpura o blanco.
  • Forma de las legumbres: lisa o estrangulada.
  • Color de las legumbres maduras: verde o amarillo.
  • Posición de las flores: axial o terminal.
  • Talla de las plantas: normal o enana.

Así, cruzando variedades puras, pero de diferente carácter, dedujo que existían “partículas” dominante y recesivas, pues en la primera generación siempre los descendientes expresaban la misma característica. Esto se tradujo en su primera ley.

Si hibridaba individuos de esa primera generación, todos iguales entre sí, sorprendentemente aparecían, en la siguiente generación individuos con la característica “desaparecida” en la generación anterior. Esto sería su segunda ley, que venía a decir que sus “partículas” se separaban y unían tras las generaciones (siempre de dos en dos).

En su tercera y última ley, Mendel se atrevió a cruzar, de nuevo, razas puras, pero esta vez teniendo en cuenta dos caracteres, y tres, deduciendo que diferentes caracteres se heredan de modo independiente. Para entendernos, que una persona rubia puede tener ojos azules u oscuros, y una persona morena, igualmente. (Esto se iría al traste con el descubrimiento del ligamiento, pero vayamos por partes, y desvelemos esto en la segunda parte).

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