Mendel, ciencia, intuición e … ¿impostura?. Parte III.

Buceando por la red, me encontré un interesante artículo a este respecto, en el American Journal of Botany, en el que los autores hacen una revisión, a base de preguntas y respuestas, de todas las dudas mencionadas en los dos post anteriores, Parte I y Parte II. A continuación, y con mi modesto inglés, paso a resumir lo que allí se puede leer.

¿Son los datos de Mendel demasiado buenos como para ser exactos? Tras una serie de comparaciones y estudios estadísticos propios y ajenos, indican que no hay pruebas suficientes para afirmar que sus datos no son correctos.

¿Son ficticios los experimentos descritos por Mendel? La duda surge con la afirmación “In the experiments discussed above, plants were used which differed in only one essential trait [wesentliches Merkmal]’’ (Stern and Sherwood, 1966, p. 17). Fisher, el famoso genetista, no dudó de esta afirmación, pero medio siglo más tarde, Corcos and Monaghan (1984), y DiTrocchio posteriormente, no lo veían tan claro.

El propio Di Trocchio’s (1991) y Bishop’s (1996) afirman que Mendel hibridó sus 22 variedades de todas la formas posibles. Así, Mendel testearía cada carácter individualmente en monohíbridos para, posteriormente, hacer cruzamientos teniendo en cuenta dos y tres caracteres para determinar los patrones de herencia. Obviamente, Mendel desconocía al principio qué caracteres influían unos sobre otros, pero tras muchos cruzamientos logró desentrañar la maraña de datos y pudo comenzar a realizar cruzamientos teniendo en cuenta más caracteres.

¿Enunció realmente Mendel las leyes atribuidas a él? Según muchos autores, en los papeles originales de Mendel no aparece o no se menciona la ley de la segregación de los caracteres, la que implica un conocimiento del proceso de meiosis para la formación de los gametos. Callender (1988) llama a esto “el mito de la ley de la segregación de Mendel“.

Otros autores posteriores afirman que dos de los redescubridores de la leyes, DeVries y Correns (ambos en 1900, como es sabido) articularon la ley de la segregación, y que Morgan, el “hombre de la habitación de las moscas”, articuló dicha ley del reparto independiente de alelos.

Para los autores de esta revisión, la cuestión radica en la “dificultad de los lectores modernos en encontrar referencias al concepto de segregación“, pues, básicamente, su terminología no se parece en nada a la actual de alelos, genes o cromosomas. Además, para los autores, queda claro que, aunque no esté de modo explícito, en los papeles de Mendel aparece la referencia a la segregación en más de un sitio, aunque utilice una nomenclatura diferente a la actual.

¿Detectó Mendel el ligamiento pero no lo mencionó? Recordando el anterior post, incluyo una imagen sacada del texto que estoy comentando

Teniendo en cuenta que Mendel estudió siete caracteres, y que siete cromosomas tiene la planta del guisante, Dunn, en 1965, calculó que la probabilidad de que los siete estuvieran en siete cromosomas diferentes era de 0.0061 (<1%). Prácticamente imposible.

Según los autores de esta revisión, el hecho de que dos alelos que van en el mismo cromosoma van necesariamente ligados es una “idea equivocada“. Todo depende de la distancia a la que estén dichos alelos y resulta que, en el caso de los que nos ocupan, están lo sufiencientemente alejados en el cromosoma como para que su segregación sea independiente, es decir, como para que no sufran de ligamiento.

Algo diferente ocurre con la forma de la vaina, el alelo v en el cromosoma 4, que se encuentra muy próximo al alelo le. Según algunos autores mencionados, dos cuestiones interesantes pudieron haber “salvado” a Mendel del ligamiento:

  1. La tasa de recombinación entre le y v puede variar del 2.6 al 38.5%.
  2. La tasa de mutación del alelo v puede llegar al 40%.

Entre una cosa y otra, a Mendel le podría haber pasado desapercibido el ligamiento, o se habría librado de él.

En conclusión, entre todas estas casualidades, algunas, a mi juicio, bastante milagrosas en conjunción, Mendel habría realizado todos sus experimentos tal cual los relató, sin mayores invenciones.

No sé cómo estará el asunto actualmente, pero a la luz de los últimos acontecimientos en fraudes científicos, léase asunto de la falsa clonación en Corea por parte de Woo Suk Hwang, me dan mucha más confianza en la ciencia que antes: resulta ser el único modo posible de conocer la naturaleza que posee mecanismos de autocontrol que, a veces lentamente, acaban por validar o no las teorías, hipótesis o descubrimientos que cualquiera proclame.

Y digo esto porque, como siempre, la prensa, incluso en boca de algunos que se consideran divulgadores de ciencia, no han mencionado este último aspecto en absoluto, sino que se han quedado con el asunto amarillista de esta triste historia, que, al fin y al cabo, es lo que vende más periódicos. Los que leen prensa estos días, y se encuentran estos artículos, tienen la siguiente impresión de la ciencia: los científicos mienten, sólo se dejan llevar por el dinero fácil y poseen una falta total de escrúpulos. Y así están las cosas.

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