¿Nos cargamos a Darwin?

A vueltas con la “crisis del darwinismo”, el genetista del desarrollo Antonio García Bellido se decanta por una evolución a saltos. Se explica en una entrevista publicada en el suplemento semanal de El País: los grandes cambios en tipos animales, al estilo de los ocurridos durante la explosión cámbrica, no debieron producirse poco a poco, como propuso Darwin en su teoría, sino debido, posiblemente, a reordenaciones o cambios en la regulación en los genes del desarrollo.

En el cámbrico se ven quimeras que pueden ser mezclas de artrópodos y moluscos. Tuvo que suceder muy rápido, de forma súbita, y no muy expuesto a selección.

El periodista le espeta si “con eso nos cargamos a Darwin”, pero, afortunadamente, no es así:

Y Darwin tiene la genialidad de decir que esa competición es capaz de crear, porque si tú estás compitiendo y hay una variedad de fondo, estás creando cosas nuevas. Por tanto, la idea fundamental de Darwin es válida, pero no tanto los mecanismos.

Es en estos mecanismos en donde estaría modificándose la teoría de la evolución. Según el darwinismo, la adaptación al medio es la que provoca cambios, sería el motor de la evolución: con las pequeñas variaciones de fondo, ya presentes, la selección natural trabajaría. Pero según la nueva teoría, lo que importa son los genes: cómo se regulan y porqué el mismo gen del desarrollo está activo en unas especies y activo o trabajando de otro modo en otras.

El cambio mayor de la evolución es en qué organismos se expresan los genes y cuándo. Ahí es donde la evolución ha operado, lo que ha dado la diversidad en los organismos. Darwin no podía preverlo.

¿Se encuentra el darwinismo en crisis por esto? Vendría a completarse, otra vez más, la idea de Darwin con datos que ignoraba por completo, en este caso los genes (del desarrollo) y su funcionamiento. ¿No podría esto incluirse, sin que constituya un anatema, en la síntesis? Ustedes dirán.

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