Biodiversidad y concepto de especie

Más de una vez se ha hablado aquí del concepto de especie, como en “La evolución se ve: la especiación” o en “Tres son una: menos lémures“. En condiciones habituales, siempre se diferencia una especie de otra, aunque sean muy similares y habiten en los mismos ecosistemas, en el hecho de que les resulta imposible la hibridación.

Pero ocurre que con las tecnologías que nos proporciona la biología molecular, el concepto de especie se amplía bastante. De hecho, puede ser posible reconocer especies diferentes que, en apariencia, son idénticas, y que, al ocupar los mismo nichos, no serían distinguibles por los métodos tradicionales.

En Molecular Ecology Notes acaba de publicarse un trabajo que abunda en el asunto. Existiendo ya tantas especies clasificadas, los autores pensaron que debería haber, además de las habituales características fenotípicas, etológicas o cualesquiera que se usen para diferenciar especies, alguna huella en el ADN que se pudiera utilizar en el mismo sentido. Dado lo amplio de las especies a diferenciar, debería de usarse un fragmento concreto a tal efecto.

Encontraron el “código de barras genético” que podría servir. El análisis se basa en la secuencia mitocondrial para la enzima citocromo c oxidasa. Concretamente, se centraron en una región del ADN mitocondrial de 648 pares de bases en especies de pájaros de norteamérica. ¿Cómo saber si esta secuencia es la auténtica huella que serviría para diferenciar unas especies de otras? Pues siguieron el camino a la inversa: la testearon en taxones ya establecidos, concretamente de aves norteamericanas.

En 643 especies, el 94% poseían distinto “código”, el 6% corresponderían a especies muy próximas y el 2% restante (15 especies) consistirían en especies que habían permanecido ocultas hasta ese momento, es decir, especies nuevas. Así que, dada la consistencia entre los conceptos tradicionales de especie y el “código de barras genético“, el trabajo concluye que se trata de un buen método para extender a todo el conjunto de seres vivos.

Dos asuntos más a tener en cuenta:

  • Las 15 especies nuevas descubiertas parecían iguales a otras, por lo que estos trabajos pueden dar muchísimas sorpresas en cuanto al incremento en el conocimiento de la biodiversidad en nuestro planeta que estamos obligados a tener.
  • A pesar de lo sofisticado que pueda parecernos esta tecnología, “tres horas y cinco dólares en sustancias químicas” es todo lo que cuesta diferenciar dos especies de esta manera, según uno de los autores, Paul Herbert.

El trabajo se encuadra, con otros muchos, dentro del proyecto Barcode of Life Data System, una gran base de datos creada a este efecto y que crece continuamente, auspiciada por el Instituto para la Biodiversidad de Ontario.

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