Macroevolución

Érase una vez una teoría científica que campaba a sus anchas, y a la que todos daban la razón, sin asomo de duda.

Así se refieren los críticos a la teoría sintética. Me refiero a las ideas actuales sobre los orígenes de los grandes cambios evolutivos, los que afectan a la aparición de niveles superiores de organismos, más allá de la especie. Lo que se conoce con el nombre de macroevolución, un proceso diferente, para los que lo proponen, al de microevolución, que suponen los pequeños cambios que se dan en las poblaciones, pero que no darían lugar a nuevos grupos.

La idea de escribir esta historia me la dieron los contertulios de un anterior artículo, Nuevo caso de evolución gradual, en el que aparecieron las habituales controversias.

La controversia que nos ocupa quizá se remonte a los años 40 del siglo XX. Ernst Mayr propuso lo que hoy se conoce como efecto fundador (la cita no es textual de Mayr):

Una situación extrema de deriva genética se da cuando se establece una nueva población a partir de pocos individuos,cuando una población pequeña se separa de otra original más grande.

Las frecuencias génicas de la pequeña población pueden ser tan diferentes (tanto más cuanto más pequeña sea la pequeña población) que se da lugar a una evolución “diferente” a la de la población original. Por ejemplo, los Amish de norteamérica tienen una frecuencias génicas de sus grupos sanguíneos totalmente diferentes de las de sus poblaciones originales.

Hacia los años 70 aparecen en escena Gould y su colega Eldredge. Se dieron cuenta de que el registro fósil no presentaba formas intermedias. En palabras del primero:

… las especies aparecían completamente formadas en el registro fósil y no experimentaban cambios sustanciales durante el largo período de su existencia posterior … A una aparición geológicamente brusca le seguía en lo sucesivo la estabilidad.

Este es el equilibrio puntuado y se oponía, al menos en principio, a la síntesis, que preconizaba una lenta acumulación de pequeños cambios que originarían especies y tipos nuevos.

Según los críticos, la síntesis estaba continuamente a la espera de mejorar el registro fósil y se sumergía en sus cálculos matemáticos, relegando, en la práctica, a los fósiles a los museos. Con toda la dureza, “mirando para otro lado”.

Así, casando una cosa con la otra, el efecto fundador proporcionaba un mecanismo que explicaba la formación brusca de especies, tal y como, según Gould y Eldredge, mostraba el registro fósil. A Gould llamaron por esto creacionista accidental.

En pocas palabras, Gould proponía que las características no adaptativas, junto con las macromutaciones, tendrían también un papel crucial en la evolución a niveles superiores al de especie. Así, distinguió claramente entre microevolución, la que afecta a la formación de nuevas especies, y macroevolución, que sería la responsable de la formación de niveles taxonómicos superiores. Esta idea, según Edward J. Larson, enfurecería a los teóricos de la síntesis. La macroevolución, para el neodarwinismo, sería microevolución acumulada. De todos modos, con el tiempo, los saltacionistas puntualizaron y se retractaron de muchas de sus afirmaciones, hasta tal punto que Mayr concluyó que el equilibrio puntuado podría incluirse dentro de la síntesis.

Lo que actualmente se debate es si esto último es posible. Para algunos no lo es. El hecho de formación de nuevas especies y tipos de modo brusco (de cualquier modo, siempre hablamos de unos miles de años) no sería compatible con el modo de trabajar de la selección natural, que operaría con pequeños cambios graduales, poco a poco, dando formas intermedias (de las que, en realidad, se conocen unas cuantas) entre dos extremos dados.

Los mecanismos propuestos por los críticos con la síntesis serían, pues, diferentes a la selección natural. Reordenamientos genómicos, transposones, ADN “basura”, ADN procariota y vírico, cambios que afecten al plan de desarrollo embrionario (relacionados con los Hox), etc. Cosas como esta o esta otra, en definitiva.

Todos estos nuevos mecanismos serían causa de variabilidad. Lo que dice la síntesis a este respecto es que, en definitiva, sobre esta variabilidad nuevamente generada seguiría actuando la selección natural, por lo que la crítica no es, en definitiva, tan brutal como para mandar al traste la mal llamada ortodoxia. Por supuesto que mutación y recombinación seguirían haciendo de las suyas.

Según Braga y Rivas en Macroevolución (la cursiva es mía):

Estos saltos morfológicos, cuya viabilidad puede ser facilitada en determinadas circunstancias que ofrezcan muchos nichos desocupados y poca presión de interacciones (medios nuevos vacíos, medios libres tras una extinción en masa), aunque no sean completamente aceptados en la biología evolutiva, parecen cada vez más razonables y necesarios para explicar el origen de los taxones superiores.

Así las cosas, no parece que los tiras y afloja vayan a cesar por ahora. A mi entender, existe un ansia demasiado fuerte por parte de los críticos en destronar (me temo que porque sí) a la que ellos llaman, peyorativamente, la ortodoxia seleccionista. Puede que la selección natural no lo explique todo, pero tampoco es inservible a efectos evolutivos, como los críticos extremos proclaman a los cuatro vientos.

Me viene a la mente, ahora mismo, la frase de Sampedro, en Deconstruyendo a Darwin (muy buen libro, sin lugar a dudas, al menos en lo que a estilo se refiere), en referencia a la reacción a las ideas de Gould (de nuevo, la cursiva es mía):

La jerarquía de la biología evolutiva, conservadora como es de rigor, se replegaba entonces a los refugios de invierno para aguantar el chaparrón, analizaba con lupa la metralla y reemergía con las uñas afiladas.

Si el término ortodoxia no es sinónimo de verdad, la heterodoxia tampoco.

Para saber más:

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