Cazadores de dragones

En los años 60 se organizaron unas expediciones entre los países del antiguo bloque soviético a Mongolia. Las organizó la paleontóloga polaca Kielan-Jaworowska, y se realizarían entre los años 1963 y 1971, en un total de ocho.

Si es difícil que algo fosilice, más difícil es encontrarlo en alguna posición que dure segundos, como si se le hiciera una fotografía. Lo normal, es que el fósil pose para la foto. Al menos, por probabilidad, suele fosilizar aquello que se encuentre inmóvil en algún tipo de lugar propicio para algún proceso sedimentario. Suele tratarse de cadáveres o restos de algún tipo. Si hablamos de dinosaurios, podría tratarse también de huevos, egagróplias, restos de piel, etc.

Así que el triple salto mortal de la fosilización podría ser el que hallaron en la última expedición a Mongolia los polacos arriba mencionados. Un Velociraptor y un Protoceratops en plena lucha. Se puede ver una pata del primero en la boca del segundo, mientras que la otra pata intenta apartar el cuello del Protoceratops. Ver las fotografías y las réplicas impresiona (por unos módicos 9500 $ se puede hacer uno con ellas).

Dinosarios luchando: American Museum of Natural History

Algunos no hemos tenido la suerte de ver fósiles en su medio, salvo algún braquiópodo en los Pirineos, creo recordar. Así que bajar de un coche y toparse con una llanura compuesta por miles y miles de huevos de dinosaurio fosilizados tiene que ser un auténtico clímax paleontológico. Así debieron sentirse Chiappe y sus colegas, en 1997, cuando llegaron al lugar conocido como Auca Mahuevo, en la Patagonia. Sin embargo, lo espectacular fue el descubrimiento de un trozo de piel impresionado en la superficie del huevo, el primero conocido de un embrión de dinosaurio.

Son dos historias, de las muchas que se cuentan en “Cazadores de Dragones“, de José Luis Sanz, al que ya conocía de su “Larousse de los Dinosaurios“. Desde el inicio de la historia del conocimiento de los dinosaurios, pasando por nuestro conocidos Richard Owen y los peleones Cope y Marsh, incluyendo caóticas expediciones a Asia o a África, narradas con el mejor estilo aventurero, pero con el añadido de que fueron aventuras reales y no de novela, hasta las últimas polémicas de los “BAND” (Birds are not Dinosaurs), grupo marginal que niega la relación entre aves y dinosaurios, Sanz nos bombardea literalmente con numerosas historias, que le sirven para repasar la historia de muchos conceptos científicos y para embriagar al lector con lo que fue y ya no es.

El libro está bien ilustrado, para un formato en el que no es lo habitual, pero adolece de representaciones artísticas de las decenas de géneros y especies que se mencionan. Para ello, su Larousse de los Dinosaurios, ilustrado por el genial Raúl Martín, sería el complemento perfecto. Lástima que cayera en la cuenta demasiado tarde: lo dearé para una segunda lectura, que la habrá.

Para saber más:

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