Diseño sin diseñador

Acaba de salir al mercado (hará un par de meses) un libro con un paradógico título, Darwin y el diseño inteligente, de Francisco J. Ayala, biólogo de sobra conocido por todos. En él se hace un repaso a los conceptos más importante en biología evolutiva y a los argumentos más destacados del conocido como diseño inteligente.

La primera frase del libro ya nos orienta hacia lo que vamos a leer: “El mensaje central de este libro es que no hay contrdicción necesaria entre la ciencia y las creencias religiosas”. Así, los primeros capítulos son casi exclusivamente de filosofía teológica, en los que el autor intenta demostrar, mediante citas procedentes de papas y filósofos, como San Agustín, que la supuesta literalidad bíblica no es incompatible con la racionalidad científica. Por ejemplo, San Agustín dice: “Si sucede que la autoridad de las Sagradas Escrituras parace oponerse a conocimientos obtenidos por un razonamiento claro y seguro, significa que la persona que interpreta las Escrituras no las comprende correctamente”.

De otras declaraciones no tan tajantes y claras de la curia católica no se hace tanta mención, como las del arzobispo de Viena o las de otros allegados a esa fe.

Francisco J. Ayala

Más adelante, nos cuenta el origen del concepto de diseño inteligente, procedente de William Paley. Ayala le reconoce un profundo conocimiento del funcionamiento de la naturaleza y de su diversidad, y concluye, al menos en lo que yo entiendo, que es hasta explicable que Paley hubiera deducido, casi inevitablemente, que la estructuras complejas debieron haber sido diseñadas por una divinidad.

Los problemas más serios de Paley fueron los órganos o estructuras sin función aparente y las imperfecciones en el diseño. Ni una ni otra serían cuestiones insalvables. En palabras de Ayala, para Paley resultaría que “en algunos casos, el funcionamiento, en otros el uso, se desconocen”.

Darwin conocía de sobra los escritos de Paley, pues eran de obligado estudio en Cambridge. En su autobiografía admite que “que en aquella época no me preocupé por las premisas de Paley; y aceptándolas a ojos cerrados, estaba encantado y convencido por la larga línea de la argumentación”. Pero Darwin embarcó en el Beagle y todo cambió.

La selección natural darwiniana es la causa (al menos, una de ellas y la más aceptada) de que el diseño no sea producido por un diseñador. Ayala dedica una capítulo a explicar este concepto, a dar muchos ejemplos y evidencias y a argumentar por qué el diseño inteligente no es una explicación satisfactoria para la diversidad de la vida.

Tras los capítulos dedicados a las pruebas clásicas de la evolución y a la evolución molecular (¡cómo me recuerda el índice de este texto a la Web de Evolutionibus!), llegamos a las partes dedicadas estrictamente a la relación entre evolución y religión. Para Ayala, “a los creyentes se les quitó un gran peso de los hombros cuando se aportaron pruebas convincentes de que el diseño de los organismos no necesita ser atribuido a la agencia inmediata de un Creador, sino que es el resultado de procesos naturales”.

Personalmente, y respetando hasta cierto punto lo que Ayala pretende demostrar, me resulta bastante difícil comprender cómo se pueden conciliar estas posturas. El autor del primer párrafo introducido en el anterior artículo de este blog, Ayala, también dice que la ciencia tiene poco que decir con respecto a cuestiones como el valor de la vida y de las cosas. A mi esto no me satisface, pues, como otros autores, no veo por qué la religión y la filosofía han de tener el patrimonio de las ideas, ya que la ciencia y la racionalidad, al explicarnos la naturaleza, con todas los huecos no comprendidos que nos pueda dejar, nos hace ver en su justa medida su valor y el porqué debemos respetarla, con todas las implicaciones filosóficas que ello conlleva.

El segundo libro que estaba terminando cuando redactaba esa anterior historia, es también de divulgación, aunque no científica, por más que pretenda serlo. Se trata de Juicio a Darwin, de Phillip E. Johnson, uno de los mayores “ideólogos” del diseño inteligente (DI a partir de ahora). Tras su declaración de principios inicial, recogida en el segundo párrafo de la anterior historia: “Un último asunto al que debo referirme antes de empezar es mi visión religiosa personal (…). Creo que existe un Dios que pudo crear de la nada si así quiso hacerlo, pero que también haber optado por obrar mediante un proceso evolutivo natural”, el libro hace un recorrido por casi los mismos puntos que el de Ayala, pero vueltos del revés, con gran cantidad de citas de Darwin, de Gould (un tipo muy fácil de ser usado por los partidarios del DI) y de T. H. Huxley, sobre todo. Algunos datos más modernos se pueden encontrar, pero son bastante escasos.

Phillip E. Johnson

Utilizando el saltacionismo de Gould para explicar los problemas de la macroevolución, pasa directamente a concluir que “si el darwinismo está plagado de problemas, y si dentro del marco de la evolución no hay una alternativa razonable, ¿por qué no evaluar de nuevo ese marco?”. Dicho de otro modo, si bien Johnson no se muestra en contra de la evolución, utiliza el anterior párrafo para introducirnos en un capítulo que titula “El hecho de la evolución“, donde se dedica continuamente a argumentar que no es partidario de la evolución como hecho en absoluto.

Para él, por ejemplo, la sistemática es casi una religión, pues existen tantos descuerdos como en esta última. No explica, sin embargo, que para clasificar a un organismo debe existir un consenso, el cual incluye publicación en revistas revisadas por pares, discusiones en congresos y, lo más importante, aporte de pruebas que apoyen el lugar taxonómico en el que se pretende situar al organismo en cuestión. No es lo mismo que la religión.

Los problemas de la teoría de la evolución (que, finalmente, no admite como hecho) son tan difícilmente observables como las acciones de un ser sobrenatural. Para él, las pruebas de la evolución, los datos de diverso tipo que, cruzados y contrastados, sugieren y apoyan el hecho de la evolución, no son tales, sino sólo procesos en los que se implican exclusivamente pequeños cambios en especies perfectamente establecidas. Aunque no se dice claramente, la idea general que subyace en todo esto es que los tipos fundamentales ya habrían sido puestos por ese ser sobrenatural (por supuesto, el Dios de los católicos) y que lo que resta en este mundo son sólo pequeñas variaciones. Puede uno imaginarse a un dios creando por aquí y por allá nuevas especies, siempre lejos del hombre, no fuera a ser que fuera visto in fraganti. La evolución, por tanto, sería “una imaginativa narración (…) lo cual es decir que se trata de un mito de la creación”. Los darwinistas, siempre según Johnson, tratan la evolución como algo que hay que aprender y no que comprender o discutir.

Y así, sin aportar prueba científica alguna o investigación que sirva de apoyo, transcurre todo esta manual del DI, hasta llegar a la conclusión final de que el darwinismo (que él usa como sinónimo de teoría de la evolución) es una pseudociencia. ¿Desde cuándo? Según Johnson, desde el centenario de la publicación de El Origen de las Especies, en 1959, en el que Julian Huxley afirmó que todo estaba sujeto a evolución y que se había eliminado por completo la necesidad de un ser sobrenatural. Sin más.

Curiosamente, el tipo de argumentos de Johnson hacia la teoría de la evolución, sin base científica ni empírica alguna, son del mismo tipo que las de la astrología o los apólogos de los fenómenos paranormales, en los que, simplemente, se introduce en los huecos no explicados por la ciencia (cuando hubiere, en todo caso, algo que explicar) la existencia de fenómenos sobrenaturales. A largo plazo, esto llevaría a una parálisis total de la actividad de la ciencia, pues, en el momento en el que algo no fuera explicable, se atribuiría su causa a lo sobrenatural y se dejaría de investigar, como muy bien entendió el juez John E. Jones III en el famoso juicio de Dover. Recomiendo aquí hacerse con el artículo titulado Test científico a la teoría del diseño inteligente: la sentencia Kitzmiller et al. vs. el Distrito Escolar de Dover escrito por Vicente Manuel Claramonte Sanz y disponible en la web de la SESBE en el número 2 de la revista eVOLUCIÓN. Allí se puede leer parte de la sentencia, con una argumentación de una claridad y sentido común que dan envidia:

(…) dictaminamos que el diseño inteligente no es ciencia y que no puede ser considerada una teoría científica válida y aceptable, pues ha fracasado en ser difundida en publicaciones contrastadas, en ajustarse a la investigación y la verificación, y en ganar la aceptación de la comunidad científica.

PS.: Para mayor claridad, definitivamente, los párrafos 1 y 2 del anterior artículo corresponden, respectivamente, a Ayala y a Johnson.

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100 comentarios

  • “No confundes efecto y causa cuando dices que el método naturalista de la ciencia conduce a la incredulidad a los científicos”

    Exacto, Assarhaddón. Y añado una precisión más: seguramente la mayor parte de los científicos no creyentes practica el método naturalista de la ciencia (razón + observación) desde *antes* de hacerse científicos profesionales y por tanto su incredulidad precede a su oficio de científicos. Un ejemplo notable lo tenemos en el gran físico Richard Feynman, que ya era todo un racionalista ateo con sólo doce años.

    “, cuando parece que eran los incrédulos los que eligen esas profesiones”

    Si lo piensas un poco, es lógico que las personas más interesadas en dedicarse profesionalmente a la ciencia se encuentren precisamente entre aquellas que desde jóvenes han mostrado inclinaciones racionalistas (o sea, predilección por el método científico).

    “Gould (…) no encontró motivos para seguir con la religión”

    No, hombre. Lo que pasa es que Gould era un joven racionalista, igual que Feynman. Ambos se convirtieron primero en descreídos y más tarde en científicos por el mismo motivo: porque desde jóvenes eran partidarios de guiarse por la razón y la observación.

    “da igual lo que crean o dejen de creer la mayoría de los científicos, eso se parece a un argumento de autoridad”

    El hecho de que la incredulidad predomine entre los científicos confirma la oposición entre la ciencia y la religión (una oposición que tú, Weinberg y Dawkins reconocéis, mientras que es negada por Ana, Ayala y Gould). Esto no tiene nada que ver con un “argumento de autoridad”. Se trata simplemente de un hecho muy significativo, aunque Ana y tú no queráis reconocer su clarísimo significado.

  • Perdona Rawandi, pero no estas siendo logicamente consecuente. El hecho de que haya una mayoria de cientificos que se consideren ateos/agnosticos, no implica que en su mayoria estos mismos defiendan la incompatibilidad de ambas practicas, como tu quieres indicar. De hecho, en mi experiencia, este no es el caso. Hay una gran cantidad de ellos que se muestran ambivalentes ante esta supuesta batalla de incompatibilidades, aunque obviamente y viendo como se esta desarrollando la discussion en torno a la ID puede que muchos en estos momentos esten decidiendo tomar una posicion politica (no necesariamente filosofica) que este en acuerdo con lo que tu defiendes.

  • Rawandi, confundes causa y efecto y no sólo eso sino que además los logros y las explicaciones de la ciencia como tal y el supuesto método científico que se emplea para conseguirlo.
    Puesto que no queda más remedio, te comentaré brevemente un par de cuestiones. Lo que tú llamas “razón y observación” lo hacen los fontaneros, los electricistas y hasta el cura de mi pueblo razona y observa.

    El abandono de la religión se debe a muchas causas, por ejemplo entre las que he conocido de primera mano están:
    – Los marxistas, comunistas o socialistas que interpretan la religión como una forma de opresión.
    – Los que saben algo de historia de la Iglesia (inquisición, guerras de religión etc. etc.) y les parece todo hipócrita y falso.
    – La incredulidad pura y dura sobre los “cuentos” de la religión. He visto a un padre decirle a su hijo “tu al cura no le creas ni media palabra”.
    Con esto te quiero decir existe un rechazo a la religión “per se” independientemente de los logros de la ciencia.

    También la explicación científica de la realidad puede “ayudar” en el supuesto de que se acepte el principio metafísico de que la naturaleza se explica por sus propias leyes, pero para eso tendrían que tomarse la molestia de leer y conocer algo de divulgación científica, cosa poco frecuente. ¿Pero, practicar el método científico con once años y que ese método los vuelve incrédulos? Francamente…

    Pero ¿que todo esto implica razón y observación? Claro hombre, claro y arreglar un grifo también. Averigua qué es el método científico en realidad y cómo se trabaja en ciencia antes de teorizar sobre algo que obviamente ni practicas ni conoces.

    Tiene gracia que los que más se llenan la boca hablando de racionalidad científica deformen la realidad para ajustarla al modelo y se reformulen y con tal de parecer tener razón al ultranza.
    Pero a eso estoy algo acostumbrado.
    Saludos y no me apetece mucho seguir repitiendo lo mismo.
    Agur

  • Perdona Rawandi, pero no estas siendo logicamente consecuente. El hecho de que haya una mayoria de cientificos que se consideren ateos/agnosticos, no implica que en su mayoria estos mismos defiendan la incompatibilidad de ambas practicas, como tu quieres indicar. De hecho, en mi experiencia, este no es el caso. Hay una gran cantidad de ellos que se muestran ambivalentes ante esta supuesta batalla de incompatibilidades, aunque obviamente y viendo como se esta desarrollando la discussion en torno a la ID puede que muchos en estos momentos esten decidiendo tomar una posicion politica (no necesariamente filosofica) que este en acuerdo con lo que tu defiendes.
    Ana, te agradecería que no tergiversaras mis afirmaciones. Yo no “quiero indicar” lo que tú comentas sino que llevo rato sosteniendo sin ambages lo siguiente: el hecho de que la mayoría de los científicos se declare atea/agnóstica implica claramente que hay una oposición entre la ciencia y la religión, oposición debida a que el carácter naturalista de la primera choca frontalmente contra el carácter sobrenaturalista de la segunda. De momento tú no has aportado ninguna explicación alternativa. Te has limitado ha pasar olímpicamente del hecho, como hacen habitualmente los “conciliadores”.

  • “hasta el cura de mi pueblo razona y observa.”
    Sin duda. El problema es que ninguno de los dogmas que el cura predica encuentra el menor apoyo en la razón y la observación.
    “El abandono de la religión se debe a muchas causas”
    Sí, pero todos los ejemplos que has puesto son ejemplos de “razón y observación”: los incrédulos “observan” la política reaccionaria de los prelados, las torturas de la inquisición, las guerras de religión, las leyendas sobre milagros, etcétera, y “razonan” que las religiones son meros timos. Así funciona el método naturalista de la ciencia.
    “Averigua qué es el método científico en realidad y cómo se trabaja en ciencia antes de teorizar sobre algo que obviamente ni practicas ni conoces.”
    Repasa mi comentario nº44, anda.

  • Que explicacion alternativa quieres? No te entiendo. Creo que he dejado clara mi posicion e igual que invitas a los demas a repasar tus comentarios deberias quizas hacer tu lo mismo.

    “el hecho de que la mayoría de los científicos se declare atea/agnóstica implica claramente que hay una oposición entre la ciencia y la religión, oposición debida a que el carácter naturalista de la primera choca frontalmente contra el carácter sobrenaturalista de la segunda”

    Esta afirmacion que haces es tu lectura particular de los datos. La lectura alternativa es que al ser una pregunta que no entra dentro del ambito cientifico (la existencia o no de Dios) pues eso, nos quedamos en la no necesidad de creer en algo que cientificamente no se pueda probar. Esto no descalifica por extension a aquellos a quienes si les apetezca creer en algo. No hay mas. Los datos no nos dicen mas….. A esto que has hecho, en ciencia se le llamaria especulacion.

  • Ana, intentaré ser más claro: yo atribuyo el predominio de la incredulidad entre los científicos a la contradicción entre el naturalismo de la ciencia y el sobrenaturalismo de la religión. Esa es mi forma de explicar que la comunidad científica sea mayoritariamente incrédula, cosa que no ocurre en el resto de la población. ¿Tienes tú una explicación alternativa para ese curioso predominio de los descreídos en la comunidad científica?

    Las religiones reveladas entran constantemente en el ámbito científico. Por ejemplo, un dogma del catolicismo, proclamado en el siglo XX, dice que la madre de Jesús no murió sino que su cuerpo fue trasladado milagrosamente hasta el cielo (dogma de la ascensión). Obviamente, lo que ocurre con el cuerpo físico de una mujer entra en el ámbito científico. Según la ciencia, los cuerpos de las mujeres no desaparecen sin más. Por tanto, a la luz de la ciencia lo razonable es concluir -como hace la mayoría de los científicos aunque no todos lo digan públicamente- que el dogma de la asunción de María es un embuste y que su cuerpo terminó pudriéndose.

  • La verdad, siempre que escribo alguna historia sobre ciencia versus religión, pasa lo mismo. Es casi como partidarios y detractores de la astrología.

    Habría que ver, Rawandi, si el hecho del extendido ateísmo entre científicos es sobrevenido o ya anterior a la actividad científica de la persona. Yo me inclino más por lo primero. Si la mayoría de las personas son educadas en una religión, los impúberes no pueden huir de ese adoctrinamiento y, salvo contadísimas ocasiones, acabarán practicando esa religión o, al menos, profesando algún tipo de creencia en lo sobrenatural.

    Es evidente que bastante más de un 7% de la población es religiosa, así que las cuentas no cuadran y eso apoyaría lo que indico en el párrago anterior.

    Contradicciones, por más que se le quiera dar la vuelta al asunto, las hay. El hecho de que muchos científicos puedan conciliar ambos mundos pudiera ser porque tienen una visión más especial o particular de la religión. Quizá algo más espiritual o tranquilizador que dogmático. Pero seguro que me equivoco en algo.

  • Es decir Evolutionibus:
    Educado en una familia católica, termina su carrera de biología y a resultas de su investigación doctoral sobre la ruta de alguna proteína, aplica un procedimiento experimental que lo vuelve ateo (el método, no la explicación científica unida a otras cosas), a sus 25 años, para disgusto de su madre.
    Si tanto os gusta la observación y la razón ¿por qué no lo practicáis más?

  • No tan simple, Zzzzz, que no se puede estar dormido para escribir. 😉

    ¿Cómo explicarías esa diferencia en el porcentaje de creyentes entre científicos y no científicos? ¿Que los científicos, cuando aún son criaturas, ya son ateas o tienen una predisposición a serlo, ellos solos y no otros colectivos? No me encaja.

  • Rawandi:

    Me estas cambiando de conversacion. La conversacion no iba a cuales son las razones por las que los cientificos en su mayoria no son creyentes, sino a si la religion y la ciencia como practicas humanas son incompatibles, es decir, o practicas una o la otra. Tu dabas como dato para sustentar tu posicion el hecho de que la mayoria de los cientificos, es decir, practicantes de la ciencia, no practican la religion ergo esta incompatibilidad existe. Yo defiendo el que el hecho de que estos practiquen una y no la otra no es evidencia de que ambas sean incompatibles, sino que los cientificos simplemente prefieren ser cientificos y pasan de lo demas. De hecho hay un numero grande (de cientificos) que si practican ambas (grande en numero, no necesariamente en procentaje), una posicion en mi opinion perfectamente razonable y respetable. No por ser creyente uno deja de ser menos cientifico.

  • Piensa en cuántos jóvenes practican la religión, en España llevan décadas de retroceso. De esos cuántos estudiarán una carrera universitaria y cuántos una científica o tecnológica.
    Si tienes a un joven que hace años que no pisa una iglesia (excepto por motivos culturales de bodas, bautizos y comuniones), que además tiene una mínima cultura en historia y que también conoce algo de la explicación científica…
    Pero si algo no te cuadra Evolutionibus, lo mejor es preguntar a personas que conozcas que sean científicos y que practiquen o no una religión.
    Sé que la inducción y el recurso a la experiencia no goza de gran popularidad entre los teóricos de las encuestas pero…

  • Primero, que la práctica religioso no está relacionada con la creencia. España es un claro ejemplo de esto. Los más fanáticos católicos no suelen pisar iglesias, y sí los más moderados.
    Segundo, lo que dices implica que hay una minoría de elegidos por la naturaleza para ser ateos-científicos. ¿Cómo?
    De todos modos, aquí estamos todos planteando opiniones que no son necesariamente veraces. Habría que recurrir a estadísticas y estudios serios, como este interesante.

  • Los más fanáticos católicos que conozco están vinculados al Opus o a los Legionarios de Cristo, y por supuesto que pisan iglesias. Probablemente dentro de poco sean los únicos.
    Lo de la minoría de elegidos por la naturaleza suena un poco petardo pero si son los que más cultura y formación tienen ¿qué le vamos a hacer?
    Puesto que aquí estamos opiniones no-veraces ¿podemos dar por finiquitado el absurdo de que el método hace al hombre?

  • Evolutionibus, coincido contigo en la idea de que la mayor parte de los científicos incrédulos ya son incrédulos antes de comenzar a ejercer la profesión científica (véase el primer párrafo de mi comentario 51). Mas ten en cuenta que el adoctrinamiento religioso no es actualmente tan determinante como lo fue antaño, al menos en las democracias modernas, donde los niños tienen acceso a información científica fiable a través de la escuela obligatoria y a través de los diversos medios de comunicación. En una democracia moderna, los jóvenes con inclinaciones racionalistas tienen relativamente fácil apostatar de la religión que les han inculcado sus padres. Precisamente por eso el número de descreídos aumenta constantemente en los países democráticos.

    Dices que los científicos creyentes quizá profesan una religión poco dogmática. En algunos casos ocurrirá eso, pero me temo que la mayoría de los científicos creyentes son personas que simplemente han dividido su mente en compartimentos estancos para evitar pensar en las contradicciones que existen entre la ciencia y la religión. Por seguir con la analogía de mi comentario 36, es como el marido maltratador que se acostumbra a ver los moratones en la cara de su esposa como algo perfectamente normal.

  • Ana, según tú la mayoría de los científicos es incrédula porque “simplemente prefieren ser cientificos y pasan de lo demas”. ¿Estás sugiriendo que su opción vital por la incredulidad es un mero capricho? ¿La mayor parte de la comunidad científica se ha encaprichado con ser descreída? Debes estar de guasa.

    Ser científico y católico es exactamente igual de incoherente que ser astrónomo y astrólogo. Tanto las afirmaciones de la astrología como las afirmaciones del catolicismo contradicen frontalmente las afirmaciones de la ciencia.

  • Hombre pues ahora que recuerdo, Newton realizó bastantes trabajos sobre alquimia o teología, naturalmente eso para la Física es algo irrelevente, porque se puede estudiar la física de Newton sin leer ninguno de sus libros y sus creencias personales no aparecen en la justificación de sus ideas físicas.
    Parecido con Pasteur.

  • “es como el marido maltratador que se acostumbra a ver los moratones en la cara de su esposa como algo perfectamente normal.”

    Venga ya ….. Las estupidezes que hay que oir a lo largo del dia. El comparar a un creyente cientifico con un sociopata es llevar esta conversacion al estercolero. Harias mucho mas por la ciencia mojandote el trasero y participando en ciencia que defendiendo tus obviadades racionales basadas en la observacion (de no se que) insultando a aquellos que lo hacen.

  • Evolutionibus:

    Perdon por el insulto visual una vez mas. Estupideces se escribe con C (-:

  • “Newton realizó bastantes trabajos sobre alquimia o teología”

    Claro, Z, Newton es otro ejemplo de persona que levantó compartimentos mentales estancos. Cuando escribía sobre física se guiaba por la razón y la observación. En cambio, cuando escribía sobre teología su capacidad racional se veía en buena medida anulada por el deseo de consuelo religioso..

  • ¿Podrías tomarte la molestia de averiguar algo sobre la vida de Newton antes de deformar la realidad para adaptarla al modelo?
    No va a quedar más remedio que explicarte lo del método científico, pero hoy no tengo muchas ganas. Dale al google, anda.

  • Ana, supongo que te sales siempre por la tangente porque en el fondo no tienes argumentos. Ciertamente, la postura gouldiana es muy difícil de defender y esto lo reconocen casi todos los admiradores de Gould. Yo simplemente he comparado dos ejemplos de incoherencia: un profesional del método científico que se traga el cuento de la asunción de María y un marido que entiende que el amor por su esposa es compatible con las palizas. Cuando uno levanta compartimentos estancos en su mente para no ver las contradicciones, cualquier conducta es posible.

    Z, te digo lo mismo que le dije a Assarhaddón: Repasa lo que le escribí a Ana en el comentario nº44. Sois vosotros los que tenéis una concepción falsa del método científico.

  • Pues si eso piensas, que así sea. Borrico te quedas.

  • No, perdona, el que se ha salido por la tangente constantemente en esta conversacion has sido tu. Yo te hablo de las premisas del metodo cientifico (que estan detalladamente descritas) y tu te sales por bulerias (razon + observacion y dale, y dale, y dale, y mira que yo creo que el metodo cientifico deberia ser asi, y como no le es, me reinvento la definicion y continuo con la tactica del dale, dale, y mas dale). Te digo que estas cambiando de conversacion y te pones a hablar de maltratadores de mujeres. Si a esto le llamas tu estar en tema …. El que tu creas que lo que comento no esta fundamentado en argumentacion alguna, asi como me la refanfinfla (igual que le importaria tres bledos a Gould, que resulta que tambien era cientifico), directamente, especialmente despues de tus ultimos comentarios. Y te hago recordar que esta conversacion ya la hemos tenido tu y yo con anterioridad.

  • Z, esas formas …

    Yo creo que se debería orientar el debate, pues me parece demasiado disperso a estas alturas.

    1. Existen científicos ateos.
    2. Existen científicos creyentes.
    3. Existen científicos creyentes con un activismo claro hacia ideas creacionistas.
    4. Existen científicos creyentes sin conflictos internos.
    5. Existen científicos creyentes que dejan de serlo tras ser conscientes de sus conflictos interiores.
    6. Existen ateos que, consecuentemente, se dedican a la ciencia.
    7. No existe ningún problema entre ser científico y ser creyente.

    Creo que no me dejo ninguna posibilidad, siendo consciente de la simplificación, claro está. ¿A que postura nos acogemos?

    Está claro que las dos premisas iniciales son hechos reales, por lo que todos deberíamos marcarlas, incluso la tercera estaría en el lote.

  • … y ánimo, que este será mi primer post con más de 100 comentarios … 😉

  • “Existen científicos ateos.”

    Los científicos de primera línea (por ejemplo, los de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU o los de la británica Royal Society) son no sólo mayoritariamente incrédulos sino además mayoritariamente ateos.

    “Existen científicos creyentes.”

    Pero son una minoría en la comunidad científica.

    “Existen científicos creyentes sin conflictos internos.”

    En el mismo sentido en que existen astrónomos-astrólogos sin conflictos internos. El autoengaño puede anular todos los conflictos internos.

    “No existe ningún problema entre ser científico y ser creyente.”

    Desde el punto de vista lógico existen muchos problemas, ya que el naturalismo del método científico es inconciliable con el sobrenaturalismo de las religiones.

  • Z, recurres al insulto porque no tienes argumentos. ¿Por qué no me dices en qué he “deformado” yo la vida de Newton?

    Ana, te pongas como te pongas el método científico consiste básicamente en una combinación de razón y observación. Tú misma lo reconociste así en el comentario 38, el primer mensaje en el que en vez de limitarte a presumir de lo bien que conoces el método científico te dignaste a entrar en materia indicando algo que yo había expresado antes repetidamente. Por cierto, los errores de tu comentario 38 los rebatí yo en el 44.

    Evolutionibus, tienes suerte de ser el dueño de este blog. En caso contrario Ana ya te habría acusado de estar “cambiando de conversacion”.
    😉

  • Je. Me pareció un buen giro …

    Rawandi, de todos modos, creo que tu famosa “razón y observación” no es más que una simplificación digamos que útil en este caso, pero creo que asumes (¿obviamente?) el método cientíco univeralmente estandarizado. ¿O no? Porque entonces sí que estaríamos ante un problema serio.

  • Pues yo estoy, en lo esencial, de acuerdo con Rawandi. Conocí a un chico que le gustaban la astrología y la astronomía, por igual, y no veía conflictos entre ambas, o por lo menos fingía que no los veía. También conozco científicos, y aficionados a la ciencia, con conflictos de fe relativamente graves. La cosa no es fácil, aunque haya gente que consiga compaginarlo. Y no es fácil porque es incoherente.

  • Eso es lo que quería preguntar yo. Una cosa es que te gusten la astrología y la astronomía,y otra que seas físico astrónomo y que creas en la astrología. ¿De esto último hay? Nunca se me había ocurrido pensarlo. Sería una buena analogía con puntos en común.

  • Evolutionibus, por supuesto que definir el método científico como “observación racional” es una simplificación útil. Sin embargo, entre todas las definiciones breves de método científico me parece que es la mejor, pues capta lo esencial “en dos palabras” (nunca mejor dicho).

    Precisamente ayer a las 20h30 emitieron en VEO (el canal de la Televisión Digital Terrestre) el capítulo de la serie *Cosmos* en el que Carl Sagan describe cómo los filósofos jonios inventaron el método científico allá por el siglo VI antes de la era común. Según Sagan, el “método jonio” consistía en la suma de libre investigación y observación racional. Esta definición del método científico seguramente sea la mejor entre las que tienen una longitud de cinco palabras. 🙂

    En el siglo XVII, cuando nació la ciencia moderna, casi todos los astrónomos tenían fe en la astrología (por ejemplo, el gran Johannes Kepler). Actualmente ya no son tan numerosos los que simultanean la actividad científica con la astrológica, pero sigue habiéndolos.

  • No sé, Evolutionibus, pero hace poco salió a la luz un paleontólogo que era creacionista de la Tierra Joven, y a pesar de eso hacía bien su trabajo porque “separaba ambos paradigmas”. También ha habido inmunólogos homeópatas (un ejemplo de incoherencia brutal), físicos que creen en la telepatía, o neurólogos que creen en el alma/espíritus, etc. El cerebro humano es muy plástico :o)

  • ¿Plástico? No sé si esa es la palabra. Inacabado diría yo. Fíjate, lo de los físicos y médicos sí que lo había oído y vivido yo, pero lo del astrónomo astrólogo … rechina. Lo digo por salirnos del tema aún más 😉

    Viene al caso y lo encontré en paleofreak.net.

  • “neurólogos que creen en el alma/espíritus”

    PaleoFreak, un biólogo que tenía fe en el espiritismo fue nada menos que Alfred Russel Wallace, el codescubridor de la selección natural. En realidad, tanto Wallace como Darwin habían apostatado ya del cristianismo cuando hicieron su gran descubrimiento de manera independiente, pero al final a Wallace le dio por hacerse creyente espiritista e incluso llegó a participar en un juicio como testigo a favor de un médium que estaba siendo procesado por estafa. En lo referente al espiritismo, el talentoso Wallace se volvía un crédulo del copón: su “espíritu crítico” desaparecía como por ensalmo.

    Evolutionibus, ahora recuerdo que hay dos escuelas astrológicas, una minoritaria que tiene en cuenta la precesión equinoccial (o sea, el lentísimo cabeceo del eje terrestre, similar al de una peonza) y otra mayoritaria que pasa olímpicamente de ese dato y actúa como si la posición aparente de las constelaciones fuera la misma que en tiempos de Tolomeo. Lo más probable es que todos, o casi todos, los astrónomos actuales que creen en la astrología pertenezcan a la primera escuela.

  • Evolutionibus, ese dibujo me ha recordado al genetista cristiano Francis Collins, que en la revista *Muy interesante* de abril pasado insistía en que el Génesis acertó al decir que las plantas aparecieron antes que los animales y los peces antes que las aves. Es una lástima que el crédulo Collins olvidara mencionar que según el Génesis las plantas aparecieron antes que el Sol y las aves antes que los reptiles. La memoria selectiva de Collins olvida las pifias de su libro sagrado.

  • Rawandi, de este señor ya hablamos aquí. Échale un vistazo.

    En cuanto a Wallace, leí hace mucho esa historia en IyC si no recuerdo mal. De todos modos, hay que tener en cuenta el entorno cultural y el momento de desarrollo científico de la época, creo que influiría bastante. ¿O no?

  • El entorno cultural influye mucho en las personas, sin duda, y el espiritismo estaba de moda en la Inglaterra victoriana. Ahora bien, los conocimientos científicos de la época no avalaban las creencias espiritistas sino todo lo contrario. Por eso Darwin, que era un científico coherente, se opuso al movimiento espiritista (por ejemplo, se ofreció a pagar los gastos del juicio contra el médium defendido por Wallace). Wallace y los demás científicos que defendían el espiritismo lo hacían movidos por el deseo de creer, no por la fuerza de las pruebas. Las pruebas científicas siempre han estado en contra de la religión espiritista, igual que han estado siempre en contra del resto de las religiones.

    Como bien apuntas, el artículo sobre el espiritismo de Wallace apareció en *Investigación y Ciencia*, concretamente en el número de diciembre de 1996. Por cierto, en ese artículo de Richard Milner hay una cita interesantísima en la que Darwin manifiesta abiertamente el desprecio que sentía por el cristianismo, al que denomina “la superstición imperante en el país”. La cita pertenece a una carta que Darwin escribió en 1879 a su amigo el botánico J. Hooker.

  • Vaya. Miraré en mis estanterías para releer ese artículo.
    Saludos.

  • Creo que Gould tenía un buen ensayo sobre las creencias de Wallace vs. las de Darwin.

  • Hazlo, Evolutionibus. El artículo de Milner merece la pena, pue escribe muy bien las actitudes radicalmente opuestas que adoptaron Darwin y Wallace ante las engañifas espiritistas. Y lo más impactante es que Darwin, siendo un enemigo acérrimo del espiritismo, llegara a afirmar que las creencias espiritistas “no eran peores que las supersticiones imperantes en el país”, refiriéndose obviamente a las creencias cristianas, que eran las predominantes en la Inglaterra victoriana. Yo pienso que esa afirmación de Darwin es correcta: la irracionalidad del cristianismo constituye una amenaza peor que la del espiritismo porque está organizada en iglesias que pueden ejercer una gran presión en el Gobierno democrático, mientras que los desorganizados espiritistas van más a su bola (nunca mejor dicho). 🙂

  • “Creo que Gould tenía un buen ensayo sobre las creencias de Wallace vs. las de Darwin.”

    PaleoFreak, me gustaría leer ese ensayo. Cuando recuerdes en qué libro sale, háznoslo saber.

  • Ayer releí un artículo magnífico del año 2004, titulado *Hay que investigar los hechos religiosos*, en el que el filósofo Paul Kurtz (presidente fundador del CSICOP) recomendaba aplicar el escrutinio científico a las afirmaciones sobre revelaciones divinas:

    “El Dios de las revelaciones ha dejado supuestamente su huella en la historia. (…) las aseveraciones históricas tienen un poderoso efecto en el mundo contemporáneo. (…) Propongo que, sin importar cuál sea el peligro, la investigación escéptica puede y debe ser aplicada a tales afirmaciones. (…) Porque las afirmaciones religiosas frecuentemente compiten entre sí, o se contradicen, y pueden ser una gran fuente de conflictos. (…) Los principios éticos no requieren de fundamentos sobrenaturales. (…) La investigación escéptica o científica no necesariamente nos conduce al colapso o al nihilismo moral, porque hay sistemas alternativos de ética que pueden resultar tanto razonables como viables, sin apelaciones a la fe y a la autoridad.”

  • No me extraña que Ayala quiera ocultar su ateismo. Para la sociedad USA resulta muy incomprensible en general eso del ateismo, no entienden que alguien no crea en algun Dios, sea cual sea. Se puede ser no practicante pero no ateo.

    Ahora estoy en Arizona y lo he flipado, hay en el campus universitario por lo menos 20 edificios dedicados al culto (cristianos, budistas, musulmanes…)
    La intolerancia no viene solo por el lado cristiano, un ejemplo, un compañero Indio no podía contarle y tenia que mentirle a sus compañeros sobre lo que hacia en el laboratorio (sacrificar algun animalillo) ya que lo convertía en impuro y no podría entrar en la casa que compartía con ellos. Y por supuesto tenia que hacerse pasar por budista practicante delante de ellos, lo que incluye no poder comer carne delante de ellos.

    Me he salido del tema, concluir con que decir aquí que eres ateo es como declararte Nazi en Israel.

  • Pssycho, creo que ese estigma no sólo está en ese país. No lo conozco tanto como si hubiera vivido allí, pero en este país también eres bicho si no eres creyente de algo. Los que creen siempre tienen privilegios de algún tipo, sobre todo legal, pero también de índole social.

    Si alguien declata públicamente que es ateo, la reacción es o bien un silencio de unos segundo (muy aclarativo, por cierto) o bien la declaración “hombre, en algo hay que creer”.

  • Evolutionibus, EEUU es seguramente el país industrializado donde más se estigmatiza a los ateos y a los incrédulos en general. En otros países avanzados también ocurre, pero menos. De hecho, tenemos ahora en España un presidente descreído, cosa que en Yanquilandia sería impensable.

    Hay un divorcio total entre la elite científica estadounidense, que es mayoritariamente atea, y el resto de la población yanqui, que es mayoritariamente religiosa. Esta situación es preocupante porque al ocupante de la Casa Blanca lo elige el conjunto de los votantes, los cuales han decidido que sea un zote como el cristiano renacido George W. Bush quien dirija el país más poderoso del planeta. La credulidad de los electores estadounidenses la sufrimos indirectamente todos los habitantes de la Tierra.

  • ¿Si no hay VERDAD objetiva, absoluta y cognoscible, de qué hablamos cuando hablamos de “ciencia vs. religión”?.- Si no hay UNA verdad, todo pasa a ser relativo, subjetivo y cada opinión vale exactamente lo mismo que la otra ya qye no hay parámetro válido para poder comprararlas entre sí.- La RAZON necesita de la VERDAD, como la SED al AGUA.-

  • ¡Por fin he llegado al final de este blog! ¡Dios santo! (perdonen mi atrevimiento por nombrar al ser más odiado por ciertos intitulados “científicos”. Y perdonen si con el permiso de ustedes me permito rebatirles algunas afirmaciones, de entre una sarta, que a mis oídos han sonado como auténticas boutades.
    No voy a personalizar, ¿para qué? Es obvio que los asertos que algunos repiten con ritmo de mantras retratan a sus emisores, que deben tener de cultivadores señeros de la ciencia lo que yo de garimpeiro. Pero vayamos por partes, con método, como corresponde estando entre gentes cultas, a quienes supongo tales, pese a su “deria” de enfangarse en tópicos manidos, cuya conexión con la ciencia o lo científico, (no con el cientismo, del que parecen profesar toneladas) ni siquiera es coincidencia. Veamos:
    Uno de los tópicos reza que ciencia y religión (o dejémoslo en creencia en Dios) son inconciliables (antitéticos, dice alguien). Perdón; pero este tópico cientista (que no científico) es infumable si se lo analiza con un mínimo de rigor. Lo primero que exigen los conceptos para ser antitéticos es paridad. Se es bueno o malo, alto o bajo, gordo o flaco. Antitéticos son conceptos cuya afirmación simultánea implica contradicción. Nadie (con respecto a un referente) puede ser alto y bajo al mismo tiempo, etc.
    Bueno, no veo qué paridad puede existir entre el concepto de Dios y el método de la ciencia. La ciencia, por definición, se ocupa de observables, o sea, de fenómenos, de lo que se puede ver, tocar, etc. Dios (exista o no) nada tiene que ver con esto. También, por definición, no puede ser esto, bien que pueda ser su fundamento. (Se crea o no) Henri Miller decía que no nos corresponde a nosotros decidir si Dios existe o no, sino a Dios decidir si existimos nosotros o no.
    Otros dos tópicos empleados es que el científico, imaginado como summum de la racionalidad no puede ser creyente; o dicho de otro modo, que es también antitético (sic) que alguien sin dividir su mente (sic, sic) pueda al mismo tiempo ser científico y creyente; y asimismo, en línea con esto, que la creencia en Dios imposibilita la investigación científica.
    Me gustaría saber en qué fundamento “científico” se apoyan tan “preclaras” afirmaciones. Dejando de lado (pero sin omitirlo) que científicos altamente punteros, no sólo del siglo XVII y siguientes, sino del XX, han sido creyentes de una u otra forma (Plank, Einstein, Borg, Schrödinger, Heisenberg, De Broglie, Lametrie, Sandaje, etc. (¿qué pasa, que tenían la mente dividida, que no eran racionales, que sus creencias les impidieron contarse entre los creadores fundamentales de la ciencia moderna?), vamos a centrar un poco el tema. El “argumento” de estos tópicos es sencillo y pedestre, como suelen ser los relacionados con la susodicha cuestión. Se acostumbra sacar a colación el llamdo “Dios de los agujeros”; enfatizándose que si se piensa que algo es obra de Dios (directa o indirectamente) ya no vale la pena seguir investigando, en cuyo caso, volviendo al mantra, es “antitética” la creencia en Dios y el ejercicio de la ciencia.
    Veamos la lógica de este tipo de asertos; hagamos un ejercicio mental sencillito: Supongamos, a modo de hipótesis (sólo eso, no faltaría más), que un ingeniero encuentra una máquina en el campo, cuyo funcionamiento ignora; y que acicateado por la curiosidad procede a desmontarla para subsanar esa laguna. A esto podemos llamarlo ingeniería inversa. ¿Pueden decirme en qué va a verse obstaculizada la investigación de este ingeniero porque paralela a su faena tenga “también” en mente que la tal máquina ha sido diseñada por alguien? ¿Me van a decir que su mente está dividida por asumir algo tan perogrullesco como que el artefacto ha tenido uno o varios autores? Sí, ya sé; objetarán que no es lo mismo, etc., etc.; pero yo les voy a replicar que sí es lo mismo, salvando todas las distancias que ustedes quieran. El proceso lógico es el mismo y, por tanto, nada de mente dividida. Los parámetros de complejidad para admitir una autoría en la evolución son muy diferentes, por supuesto; lo que implica que para el científico, en tanto que tal, y hoy por hoy, Dios sólo puede ser una hipótesis. Pero ¿y qué? ¿Desde cuándo la ciencia no se mueve a base de hipótesis de trabajo? Podrán decirme, a lo sumo, si eso les complace, que para la investigación del hecho, el ingeniero de mi ejemplo no precisa para nada la hipótesis de la autoría de la máquina, y, mutatis mutandis, que el investigador de la evolución tampoco precisa tener en mente la idea de Dios para investigar los mecanismos evolutivos. Eso concedido. Pero, por supuesto, tal concesión no implica que la hipótesis de fondo (caso Colins y muchos otros) estorbe para nada la investigación. ¿Qué podemos objetar, volviendo al mantra; que de hecho ha habido muchos casos históricos en que colocar a Dios como un tapagujeros de lo desconocido ha parado investigaciones? Por supuesto que sí; pero ahí estamos hablando de malas praxis científicas, no de una cuestión de principio. Malas praxis, que sin ir más lejos quizá (digo quizá porque eso aún está por ver del todo) se esté reproduciendo hoy día con el dogma central de darvinismo, cuando se emplea, en multitud de casos sin prueba, el tándem mutación – selección como tapagujeros de tantas lagunas evolutivas. Y conste, por otro lado, que no parangono ambas “hipótesis”, ya que la primera, como cuestión de fondo universal es, en estricta lógica, compatible con cualquier tipo de investigación que no ataña a los fundamentos últimos del ser (lo que no es el caso de la evolución de las especies, aunque algún despistado así lo crea); en tanto que la segunda, como mera hipótesis de trabajo “fáctica”, no lo es, en cuyo caso sí puede obstruir realmente la investigación si deviene falsa.
    Pasemos a otra “perla”. Alguien ha escrito: “Sí, pero todos los ejemplos que has puesto son ejemplos de “razón y observación: los incrédulos “observan” la política reaccionaria de los prelados, las torturas de la inquisición, las guerras de religión, las leyendas sobre milagros, etcétera, y “razonan” que las religiones son meros timos. Así funciona el método naturalista de la ciencia.” (Aplausos)
    ¿Razón y observación? ¿De veras que así razona la ciencia? ¿Pero de qué se habla aquí?¿De modo que las políticas reaccionarias de los prelados (sic) torturas de la inquisición, guerras de religión, etc., conducen al “razonamiento” de que las religiones son meros timos? ¿Y que así funciona la ciencia? ¡No me digan! ¿No será más bien que alguien extrapola su errático razonamiento más allá de todo sentido lógico? ¡Cuernos fritos! Si esos “argumentos” son motivo racional para ser incrédulo ¿a qué “refugio” recurriremos si empleamos los mismos “razonamientos científicos” a la vista de los usos y crímenes de regímenes ateos tan “ilustres” como los de Hitler, Stalin, Mao, Pol Pot, y un largo etcétera, que en menos de medio siglo han liquidado ellos solitos cientos de veces más personas que la inquisición y guerras de religiones a lo largo de varios siglos? Pues no señor; así no funciona la ciencia, ni tan siquiera la lógica del carbonero (con excusas para el oficio); como tampoco puede deducirse nada contra ella de que tales monstruosos regímenes (supuestamente científicos, empleando esa burda lógica) hayan llevado el refinamiento criminal a los extremos conocidos. La ciencia no funciona mezclando cebollas con ordenadores; razonamientos de ese “lustre” sólo se les ocurren a los que razonan más con las hormonas que con las neuronas. Si, por otra parte, en muchas intervenciones se aduce el hecho obvio de que cierta parte de la juventud se aleja de la creencia en Dios, hay multitud de explicaciones sociológicas para ello que nada tienen que ver con la racionalidad, sino todo lo contrario. Háblenme de influencias ambientales, modas, etc., que inducen a “razonamientos” tan esclarecidos como el expuesto, en cualesquiera ambientes, científicos o no, y empezaremos a entendernos. Parafraseando a Feyerabend, y de cara a ateísmos de cientifistas, bien podríamos decir que estamos ante “sectarios cientifistas, que creen que el científico es el modo más elevado de conocimiento, porque así han sido adoctrinados”. Y en cuanto a “razonamientos” del común, una simple anécdota puede que ilustre algo el tema: Un panadero hace muchos años, me dijo un día compungido que cómo se podía seguir creyendo en Dios si a la sazón los curas ya no llevaban sotana. ¿Les parece grotesco el “argumento”? A mí también; pero circulan tantos “argumentos” de risa por el mundo…
    Señores; el tema Dios, les haga chirriar o no los dientes, está “clavado” en el corazón de la humanidad desde que ésta existe, y va a seguir estándolo, por mucha “muerte de Dios”, violencia o falso razonamiento que se emplee para “arrancarlo”. Tiene tras sí muchos milenios y algo más profundo; es un “afuera” de cualquier metodología científica y un “adentro” del sentimiento íntimo de los hombres. Pascal, otro tonto según cierta lógica, decía que “el corazón tiene sus razones que la razón no entiende”. Podrán tirarse de los pelos, echar espumarajos por la boca y escribir los sapos que gusten; pero todos nosotros pasaremos y el “Tema” seguirá vivo y coleando mientras el mundo sea mundo; pues la ciencia podrá esclarecer, así lo creo y deseo, los engranajes de la “realidad fenoménica” hasta límites que ni sospechamos hoy por hoy, pero el “Tema”, como el horizonte, aparecerá siempre detrás de cualquier horizonte. ¡Y pobre de la humanidad si se logra “taparlo” a base de sofismas! Cuando el gusanillo de los descubrimientos, que a la sazón tantos entusiasmos de robot produce en muchos, haya terminado su ciclo o se pare jadeante cansado de rascar la cáscara de la realidad, aparecerá sin paliativos el “Gran Vacío” (no precisamente el cuántico) al que ningún pseudo sentido racional ni ridícula “ética científica” podrán llenar.
    Pero no se hagan ilusiones; afortunadamente todos los sofismas del mundo no van a tapar el “Tema”, por muchas pluralidades ad infinitum de universos que se inventen, e incluso de taller, destrozando la navaja de Occam y el falsacionismo popperiano, tan a menudo sacado a colación cuando parece interesar. Como las plantas necesitan tierra, agua, luz y aire, así el “espíritu” humano (excusas por la palabreja) necesita “respirar” sentido; y eso la ciencia sólo puede dárselo, en cierto modo, a sus cultivadores y a algunos alucinados con el llamado “progreso” entre comillas; cuya “sustancia” a nivel íntimo es ínfimo para el común de las gentes, y absolutamente nulo para los que aspiramos a una racionalidad “sin prejuicios ni fobias de la clase que sean”.
    Por cierto, no sé con quienes se relacionan algunos para verse como “bichos” si no son “creyentes de algo”. Yo dirijo una tertulia de opinión donde todo quiste habla de lo que quiere, y en la que los agnósticos y ateos son al menos el 30% de la concurrencia. Y no pasa nada, salvo… sí, lo han adivinado, dos sujetos cuyo “argumentario” consistía en insultar y zaherir prepotentemente a todo el no compartía sus “lúcidos” razonamientos, han sido “invitados” a exponerlos en otro sitio; lo que asimismo se ha hecho con otro “bicho” del “bando de enfrente” que no les iba a la zaga. Y es que la mala educación no tiene fronteras y una de las formas de demostrarla es lanzar las opiniones como piedras, convencidos de que poseer la “verdad absoluta” les exime de ser civilizados.

  • Nadie intelectualmente honesto puede negar la evolución como un hecho, a no ser que sea un ignorante. Todo lo que se precisa para estar en disposición de reconocerlo es la admisión de dos presupuestos metafísicos fundamentales: la objetividad de lo real y su inteligibilidad a través de la razón, los cuales son de sentido común. Sin embargo, la evolución es también una teoría, pero esto no dice nada acerca de su estatus epistemológico, es decir, no es una teoría en el sentido de que se carece de certeza al respecto, sino que es una teoría en un sentido formal, esto es, un conjunto de principios y conceptos susceptibles de revisión empírica, que hacen referencia a mecanismos científicamente refutables. La evolución es al mismo tiempo hecho y ciencia. La supuesta incompatibilidad entre el evolucionismo y las creencias religiosas me parece un tema más sutil. Yo no creo, como Dawkins, que ser consciente de la evolución como un hecho te convierta lógicamente en un ateo, pero si pienso que Darwin demostró sin género de dudas que la apelación al designio divino para explicar el diseño natural es del todo innecesaria. Esto lo sabe cualquier evolucionista, incluido F. J. Ayala, por supuesto. La cuestión es si la hipótesis de Dios es igualmente innecesaria para explicarnos otros aspectos de la realidad.

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