Más y más sexo

Ya sea lúdico o más sesudo, la cosa sexual nunca dejará de dar que hablar. Ya lo hemos hecho aquí un par de veces, aquí y aquí, pero vuelve a haber más datos.

Las bacterias, para su desgracia, no se buscan para el tema que nos ocupa. Como mucho, desarrollan un tipo especial de intercambio genético que se llama conjugación. Por supuesto, que lo habitual en estos organismos es la simple división celular, de modo que, salvo mutaciones aleatorias, los descendientes de una bacteria son clónicas, “hasta el infinito y más allá” como diría Buzz Lightyear.

A veces, las bacterias, además de su único cromosoma circular, presentan otro tipo de material genético que se denomina plásmido. Normalmente, en ellos suelen residir características especiales, por ejemplo, la resistencia a antibióticos. Un tipo más especial aún es el plásmido F; las bacterias que lo presentan son capaces de conjugar y, de hecho, su función es la de la síntesis del llamado pelo sexual y controlar los eventos que se dan durante su transferencia a la célula receptora.
¿Y en qué consiste la conjugación? Cuando una bacteria con el plásmido F (F+) se aproxima a otra que carece de él (F-), la primera emite unas estructuras denominadas pili o pelos sexuales, que hace de “jeringa” mediante la que pasa de la primera a la segunda una molécula de ADN monocatenario procedente del plásmido F.

A continuación, se explica gráficamente el proceso.

http://www.microbiologia.com.ar/bacteriologia/genetica.php?Mostrar=conjugacion
(Imagen original de Fernando Gabriel Ranea, de su sitio www.microbiologia.com.ar )

Por supuesto esto no es sexo, pero se le parece en el sentido de que se está generando una suerte de variante genética que antes no existía.

Aprovechando esta característica, Tim Cooper, en PLoS, publica un artículo en el que se apoya el denominado modelo Fisher-Muller para la ventaja del sexo, que profesa que el sexo proporciona nuevas variantes de combinaciones génicas que facilitan la adaptación a nuevos ambientes.

El procedimiento completo se puede leer en su artículo, pero simplificando mucho, utilizó cepas F+ y F-. Se midió el efecto del factor F a altas y bajas tasas de mutación. Se observó que el factor F incrementa las tasas de adaptación, tal que tras mil generaciones, todas las bacterias mostraban una elevada adaptabilidad. El efecto beneficioso del factor F sólo se da cuando las mutaciones beneficiosas son altas en la población.

Por ejemplo, la resistencia a antibióticos en bacterias patógenas, siempre se ha explicado como consecuencia de la rapidez reproductora de estas combinada con las tasas de mutación. Al aparecer con tal rapidez nuevas mutaciones, se facilitaría que apareciesen algunas capaces de conferir mayor adaptación ante la presencia de antibióticos. Según los resultados de este experimento, detrás estaría el factor F.

Para Cooper, su experimento demuestra la veracidad del modelo Fisher-Muller y apoyaría que el plásmido F es capaz de incrementar la adaptabilidad de las bacterias cuando las mutaciones beneficiosas son comunes.

Para saber más:

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