Herencia en los juicios de valor

Los bebés saben elegir a las personas“. Muchas veces escuchamos esta frase, y otras similares, para dar a entender la supuesta capacidad innata que poseen los niños de menos de un año para elegir quien le acune mejor. Sin embargo, no dejaba de ser un comentario gratuito y sin prueba alguna, al menos hasta ahora.

Un estudio publicado en Nature avanza algo más en la cuestión. El curioso e ingenioso montaje utilizado con bebés de 6 y 10 meses de edad constaba de una pendiente por la que debería ascender un monigote en forma de círculo. La cuesta arriba no podía ser superada a no ser que acudiera en su ayuda otro monigote, este en forma de triángulo. Más aún, un tercer elemento, El Malo de la película, consistía en una marioneta de forma cuadrada que empujaba al círculo, de modo que le impedía ascender. Al dar a elegir a los bebés los tres monigotes, El Alpinista, El Buen Samaritano y El Malo, todos los de 6 meses elegían al Buen Samaritano, así como prácticamente todos los de 10 meses.

Social Evaluation by Preverbal Infants

Se realizó el mismo experimento, pero esta vez bajando la cuesta (para eliminar la posibilidad de que los bebés estuvieran eligiendo en función de la dirección del movimiento), y la respuesta fue la misma. Es más, si al bebé se le proponía un monigote neutral, que no ayudaba, pero que tampoco impedía el movimiento, la elegía en detrimento de El Malo.

El hecho de que el bebé prefiera a aquellos que ayudan a otros muestra una capacidad innata para elegir al “amigo” adecuado, ya que, a estas edades, la “contaminación” social aún no ha aparecido. Estaríamos hablando de una predisposición heredada y biológica a la elaboración de juicios de valor, asunto que entronca con aquel otro que se trató aquí, respecto a si los preceptos morales eran o no heredados.

Sin embargo, vemos que el juicio que elabora el bebé está apoyado en una experiencia que se le propone, él elabora sus conclusiones y actúa en consecuencia. Así que, cuando un desconocido se acerca a un infante y éste rompe en llanto o en risas de agrado, estaríamos hablando de otras causas, y no de la habilidad de elegir al compañero adecuado sin una experiencia anterior.

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