Las Benévolas y los iluminados de la eugenesia

Las Benévolas, del escritor americano Jonathan Littell, es una novela tremenda porque los detalles que en ella se cuentan tienen todos los visos de haber tenido lugar, justamente una de las razones por las que la novela histórica siempre me ha parecido engañosa.

Sin embargo, con Las Benévolas pasa que todo cuadra. Leyéndola, he recordado una de las aportaciones más perniciosas y terribles de la historia de la ciencia: la eugenesia. En realidad, no porque a alguien se le hubiera ocurrido la idea, sino porque otros se la tomaron en serio y la pusieron en práctica.

Sir Francis Galton, nacido inglés en 1822, primo de Darwin y obsesionado por la medida, fue el que acuñó este triste término en 1883. Básicamente, la eugenesia es un intento por controlar la evolución del hombre para que el género humano no decaiga en su pureza. Consecuentemente, la eugenesia trae como consecuencia la intervención del hombre en su propio destino, es decir, sería el Estado en encargado de eliminar lo que no conviene a la especie.

Sir Francis Galton

Sir Francis Galton

Un producto muy lógico de la Inglaterra victoriana, clasista y elitista hasta los extremos, la eugenesia venía a dar respuesta a las clases medias y altas de la sociedad que observaban como, a pesar de su trabajo y esfuerzo, las clases bajas les desplazaban.

Galton suponía que todo se podía medir (llegó a cuantificar la efectividad de los rezos y el aburrimiento) y que, lo que se podía medir, también se heredaba, por lo que si existían diferencias de comportamientos entre clases, significaba que se debían a características heredables: decencia, moralidad, lascivia, pereza, etc. De esto se seguía que había que evitar, por todos los medios, que las clases con atributos no deseables se reprodujeran, o estos se extenderían por toda la humanidad y la especie se echaría a perder.

A esto se refiere el protagonista de Las Benévolas cuando dice que existen grupos raciales inferiores, como los judíos, con características claramente distinguibles, que predisponen al bolchevismo, robo … En varios momentos de la novela, un par de teutonas deslumbrantes, secretarias de un alto mando, se le ofrecen para mejorar la raza y propagar las características arias.

La eugenesia llegó a formar parte de los planes de estudio británicos y americanos, y se estudiaba en los institutos de enseñanza bastante antes de que Hitler, Himmler y sus correligionarios echaran mano de ella para justificar sus acciones. Si a este argumento añadimos la habitual perversión del darwinismo, que las sociedades humanas se deben regir por la ley del más fuerte, ya tenemos una peligrosa mezcla. Y en una de las sociedades más ilustradas del momento.

La eugenesia cruzó el Atlántico desde Inglaterra y allí se desarrolló. En 1910 se creó el Registro Eugenésico, que recogía genealogías en relación a todo tipo de rasgos. Se aplicaban a estos rasgos las leyes de Mendel, recientemente redescubiertas, y se llegaba a conclusiones del tipo “la gente apellidada de cierta manera eran anchos de espalda, cabello oscuro, temperamento nervioso, sentido del ridículo …” todo bastante grotesco.

Falsificación y fraude

No se tuvieron en cuenta en absoluto los factores ambientales, que pueden cambiar por completo la herencia, ni la interacción de los genes entre sí (desconocida por aquel entonces), pues muchas características no llevan una herencia mendeliana simple, la que se estudia en la secundaria.

En principio, la eugenesia no debería ser racista, pues los genes “buenos” podrían pertenecer a cualquier raza. Pero, de facto, los eugenésicos eran racistas que utilizaban esta disciplina para justificar sus hipótesis. Por ejemplo, Madison Grant, millonario amigo del presidente Roosevelt, proclamó en 1916 que las razas nórdicas eran superiores a todas las demás y que su herencia genética presente en los WASP norteamericanos debía protegerse impidiendo la inmigración de los que no fueran de ese origen.

Se proclamaron leyes de esterilización en Estados Unidos, vigentes hasta los años 70 del siglo XX, y que dieron lugar al “tratamiento” de varios miles de personas. Stephen Jay Gould cuenta el trágico caso de una mujer que estuvo intentando tener hijos durante toda su vida y a la que ningún médico supo diagnosticarle que le habían ligado las trompas en 1928. Alguien le dijo en su momento que era una operación de apendicitis, pero hasta 1980 no supo la verdadera causa.

Esterilización eugenésicas en los Estados Unidos 1907 - 1935

Esterilización eugenésicas en los Estados Unidos 1907 - 1935

Fue poco después de todo este proceso ideológico que Hitler proclamó en su ideario, la pureza y superioridad de su raza. Harry Laughlin, uno de los ideólogos de la leyes antiinmigración de 1924, que impedía a los procedentes del sur de Europa entrar en los Estados Unidos, tenía adeptos entre los nazis, y fue en 1936 cuando la Universidad de Heidelberg le homenajeó por sus políticas raciales. Él mismo tradujo “la ley para la prevención de la progenie con defectos hereditarios” de la Alemania nazi, texto claramente fundamentado en el modelo americano.

Según James Watson, Laughlin padeció al final de su vida un tipo de epilepsia, dolencia que para este último justificó siempre una esterilización preventiva. Paradojas de la historia.

Toda la eugenesia está basada en una falsa numerología, medidas hechas ad hoc, resultados falseados (por ejemplo, cuando los judíos inmigrantes en Estados Unidos obtenían mejores resultados en la escuela que los locales, se ajustaban las categoría para reducir el impacto) y poco o nada de ciencia. Pero los prejuicios raciales y el poder ejercido revestían de verdad lo que era ridículo.

Ya comenzada la Segunda Guerra Mundial, los nazis pensaron que gastar recursos en mantener individuos inferiores no era una buena solución, así que decidieron pasar directamente a la eutanasia colectiva. Millones de personas fueron convertidas en humo en virtud de la penosa perversión de las ideas de Galton, Laughlin y otros, y colectivos enteros fueron tratados: gitanos, eslavos, bolcheviques, judíos, enfermos mentales, tullidos …

“Esta persona sufre de defectos hereditarios cuesta 60.000 marcos alemanes durante su vida. Alemanes, este también es vuestro dinero“

“Esta persona sufre de defectos hereditarios cuesta 60.000 marcos alemanes durante su vida. Alemanes, este también es vuestro dinero“

Afortunadamente, cuando los nazis desarrollaron su solución final, en Gran Bretaña y Estados Unidos ya era una disciplina desacreditada por ir en contra de la ciencia genética.

Incluso, mucho antes, Darwin, el primo de Galton, le soltó el siguiente argumento: “… los hombres no difieren mayormente en cuanto a intelecto”. Gould, en “La falsa medida del hombre” refiere un comentario que le hizo el genetista Richard C. Lewontin acerca de las razas y la variedad humana: si llegara el holocausto y los únicos supervivientes fueran un pequeño grupo de una tribu de Nueva Guinea, se conservarían casi todas las variantes genéticas humanas. ¿Dónde están las razas? Los últimos datos sugieren que sólo hay una: la humana.

Más información:

  • “Las Benévolas” de Jonathan Littell, en RBA.
  • “La falsa medida del hombre”, de Stephen Jay Gould, en Crítica
  • “ADN”, de James D. Watson, en Taurus.
  • Eugenics Archive, con innumerables fotos y facsímiles de documentos sobre el tema.
  • De la Wikipedia se han utilizado algunas de las imágenes.
  • Primer capítulo de Las Benévolas en EL CULTURAL.es.
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