Todos los hombres del Führer

Tenemos que ser honrados, decentes, leales y amigables con nuestros hermanos de sangre, pero con nadie más. Lo que a un ruso o checoslovaco acontezca, no me importa lo más mínimo. Lo que puedan ofrecernos las naciones en materia de buena sangre de nuestro tipo, lo haremos nuestro si es preciso, raptando a sus hijos y educándolos aquí con nosotros. Que las naciones vivan en la prosperidad o sufran de un hambre mortal solamente me afecta en la medida en que necesitamos a sus súbditos como esclavos para nuestra Kultur …  La mayoría de ustedes sabrán lo que significan centenares, o quinientos o mil cadáveres echados uno junto al otro. El haber pasado este trance y seguir siendo personas decentes, eso es precisamente lo que nos ha endurecido tanto …  Somos producto de la ley de selección.

Este párrafo, dicho por Heinrich Himmler en la llamada Conferencia de Posen en 1943, resume una ideología excluyente y exterminadora de lo “otro” como la nazi. Está sacado de “Todos los hombres del Führer” del historiador Ferrán Gallego. El discurso completo, que pone los pelos de punta por su claridad de intenciones, puede leerse completo y escucharse (con traducción simultánea al inglés) en nationalsozialismus.de.

Para Gallego, todos los detalles de la vida política, social y cotidiana acontecidos durante ese período de la historia tienen importancia. No sería inocente, por ejemplo, que una caricatura difamara a un judío como violador de niños, a profesores maltratando niñas arias o a burgueses pagando por sexo a alemanas sin recursos. Todos esos detalles forman parte de una plan perfectamente trazado que va marcando el camino y dirigiendo a los alemanes a una conclusión inexorablemente, a que hay que deshacerse de lo diferente, de lo que no es deseable. En definitiva, lo que condujo inevitablemente a la Solución Final, perfectamente retratada en la película del mismo título en español (Conspiracy, en inglés).

La película trata sobre la célebre Conferencia de Wannsee, que tuvo lugar en Enero de 1942, en la que un Reinhard Heydrich, autorizado por Göering y Himmler, planifica con diversas personalidades del Tercer Reich una política de exterminio con los judíos (que más tarde se extendería a comunistas, gitanos, eslavos), una política que, a decir verdad, ya estaba coordinada antes de dicha conferencia.

Mucho se ha dicho sobre si los nazis eran o no católicos. Gallego argumenta que la descristianización del régimen nazi se debía más bien a un intento de eliminar de la esfera de poder al clero. Sobre Himmler afirma que “abjuró del cristianismo y se colocó en la veneración de un culto alternativo“. Todo el proceso ideológico nazi iba encaminado a conseguir una sociedad monolítica idealizada en esa cuasireligión. Se pervertían conocimientos científicos (médicos, genéticos, antropológicos) con la única idea de dejar en la sociedad lo que la ideología nazi consideraba deseable. Un darwinismo social llevado hasta sus extremos: el nacionalsocialismo prevalece sobre todo  lo demás por su fortaleza, invadiendo territorios para aumentar el llamado espacio vital, esclavizando seres humanos en beneficio propio, exterminando aquellos elementos no deseables, costosos o simplemente inútiles para el Reich.

Es bueno recordar que el exterminio no se dirigió sólo al colectivo judío. Por ejemplo, otro colectivo olvidado es el de los gitanos. En diciembre de 1942, Himmler ordena deportar a todos los gitanos de Alemania, aunque ya antes habían empezado los asesinatos y confinamientos. Esta orden afecta incluso a gitanos que se encontraban en las filas de la Wehrmacht. Se calcula que, de un millón de romaníes, fueron asesinados unos 220.000 al menos en toda Europa.

Curiosamente, e injustamente, la creación de la República Federal Alemana no mejoró la situación para los gitanos. Evidentemente, el exterminio había finalizado, pero las leyes de la RFA dieron por buenas las medidas llevadas a cabo por los nazis en cuanto a deportaciones, encarcelaciones y esterilización. De este modo, la nueva república se ahorró el engorroso asunto de indemnizar a las víctimas y sus familiares. Sólo en 1982, Helmut Kohl reconoció el genicidio gitano cuando “la mayoría de los roma que hubieran tenido derecho a la restitución bajo la ley alemana ya habían muerto“.

La locura exterminadora se extendió por toda Europa (ya hablamos de ella en este blog en el artículo “Las Benévolas y los iluminados de la eugenesia“). Por ejemplo, en Croacia, son famosas las matanzas de gitanos, judíos y ortodoxos por parte de la Ustacha (muy apoyados por el Vaticano: “far from dissociating itself from the atrocities or condemning them, became a de facto accomplice in Ustasha crimes“). (El arzobispo de Sarajevo ridiculizaba a los que no estaban a favor de los asesinatos: “stupid and unworthy of Christ’s disciples to think that the struggle against evil could be waged in a noble way and with gloves on” del documento The Real Genocide in Yugoslavia de obligada lectura). Eran tan crueles y sanguinarias las campañas que hasta los propios dirigentes nazis enviaban informes a sus superiores en Alemania escandalizados por las atrocidades de las que eran testigos. Para algunos historiadores, el hecho de que se haya excluido a Croacia del mapa del holocausto es una gran injusticia.

“Todos los hombres del Führer” es un libro apasionante que desvela las personalidades que hicieron del régimen nazi la máquina desquiciada de matar que fue, un viaje de vértigo por una ideología perversa que puede volver a aparecer en cualquier momento y que, por esa precisa razón, no conviene mantener en el olvido.

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