Ciencia para Nicolás y para todos los demás

“La ciencia es éticamente neutra (…) El conocimiento científico es continuamente mejorado (…) La ciencia es una actividad pública (…) La ciencia no tiene la exclusividad en la búsqueda de la verdad”

Esto nos encontramos en el libro “Ciencia para Nicolás” de Carlos Chordá. Un libro para quien no sabe lo que es la ciencia, para quien nunca ha tenido la suerte de que le explicaran lo que es el contraste de datos y la replicación de experimentos.

Este texto tiene su razón de ser en la paradoja de un mundo, como Chordá escribe, apuntalado en conocimientos científicos y tecnológicos, en el que cada vez más gente es “muy ignorante sobre la ciencia“,  abonándose el terreno para las pseudociencias. Para Chordá, hay varias razones por las que las pseudociencias tienen tanto éxito:

  1. Los pseudocientíficos siempre aparecen como científicos, con títulos normalmente expedidos por sus propias instituciones (desgraciadamente, algunos sí que son o eran científicos de verdad).
  2. Las pseudociencias rara vez son ilegales, a pesar de basarse en el puro engaño y timo.
  3. La increíble cantidad de revistas sobre pseudociencias a las que yo añadiría los pocos filtros que existen en otras revistas de información general a la hora de publicar contenidos de este tipo.
  4. La fascinación que ejercen algunos presupuestos pseudocientíficos en las personas.
  5. La consideración de que lo tradicional y antiguo proporciona carta de veracidad.

En fin, como nos recuerda Chordá, la ciencia también es cultura y un ignorante en ciencia es, simplemente, un ignorante. Por diversas razones, parece ser que para ser culto hay que saber de filosofía, literatura, arte, etc., pero que la el saber científico era prescindible, no accesorio, superfluo, cuando no indigno. ¿Cómo sino podríamos entender este mundo y emitir opiniones críticas sobre muchos aspectos?

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