La trampa del pensamiento positivo

Barbara Ehrenreich es periodista y tiene un título en Biología Celular. Su aventura en esto del pensamiento positivo arranca de un diagnóstico de cáncer de mama. Cuenta ella en su libro, “Sonríe o muere, la trampa del pensamiento positivo“, que, como es preceptivo en estos casos, acabó participando en grupos de autoayuda. En resumen, la idea general era que como el pensamiento positivo mejora la salud, la responsabilidad del cáncer era de la propia persona por no haber tenido buenas actitudes ante la vida (“si tienes un cáncer, es porque lo necesitas” llega a decir algún gurú de la autoayuda según ella). Además, en algunas situaciones, las pacientes llegaban a dar las gracias al cáncer de mama y lo consideraban como algo inherente a la femineidad, llegándose a extravagancias del tipo “el cáncer es tu conexión con la divinidad“.

La idea generalmente admitida que se maneja es que la supervivencia depende de la actitud. En los libros que explotan este concepto, se da a entender que incluso las investigaciones científicas lo apoyan. Sin embargo, en palabras de Ehrenreich, el asunto no está tan claro como parece, además de que muchos de los trabajos que estudian la relación entre la actitud positiva y la supervivencia al cáncer, o más extensamente, una mejora en el sistema inmunitario, simplemente
se dedican a constatar correlaciones y no causalidades, y presentan algún tipo de problema en su metodología.

Barbara Ehrenreich

Barbara Ehrenreich

Además de los testimonios personales aislados y de los intereses de algunos de sus autores en vender fácilmente sus libros de autoayuda a personas desesperadas en situaciones de vida o muerte, hay bastantes trabajos que se pueden mencionar, algunos de los cuales aparecen en el libro de Ehrenreich.

James Coyne es autor de una revisión sistemática de 2007 (en una revisión sistemática se combinan los datos de varios estudios y se evalúa si estos tienen la suficiente calidad). Hasta ese momento, se daba por bueno el hecho de que una actitud positiva proporcionaba una mayor supervivencia al cáncer y, al parecer, algunos trabajos apoyaban esta conclusión. Coyne estudia la relación entre la psicoterapia (los grupos de autoayuda, por ejemplo) y la supervivencia al cáncer. Su trabajo, que también se describe en esta noticia del Daily Mail, concluye que la mayoría de los estudios que revisa presentan problemas metodológicos, como muestras de pacientes pequeñas por ejemplo. En definitiva, que la psicoterapia, que debería ayudad a tener una mejor actitud frente a la enfermedad, no mejora la supervivencia al cáncer de modo evidente. Para Coyne, según la noticia del Daily Mail, es evidente que existen numerosos beneficios emocionales y sociales, pero no se debería dar a las personas falsas esperanzas del tipo “con tu actitud positiva curarás tu cáncer” (las comillas son mías).

Hay otro trabajo en el que se establece una correlación entre técnicas de relajación y diversos tipos celulares del sistema inmunitario encargados de la lucha contra el cáncer (aunque no se establece conexión alguna con la supervivencia, aspecto que sí trataba un estudio anterior, en otro tipo de cáncer, donde se concluía que no había relación entre la situación emocional y la supervivencia).

En otra investigación de conclusiones sorprendentes, se llega a la conclusión de que las mujeres que ven beneficios en el diagnóstico de su cáncer, tienden a tener una calidad de vida peor en muchos aspectos (en esta noticia se desglosa mucho mejor el trabajo). Es decir, en comparación, las mujeres que no le vieron nada positivo a su diagnóstico presentaron una mejor calidad de vida. Quizá el realismo también ayuda. En definitiva, decirle a una persona que con su actitud positiva puede curarse un cáncer puede llegar a ser un desastre emocional, en palabras de una enfermera, cuando la paciente observe que su enfermedad empeora.

Otro trabajo muy curioso es el que explica cómo es posible que el optimismo de lugar a menores respuestas inmunitarias (2006) frente al estrés. Al parecer, tiene que ver con que las expectativas de las personas que piensan con optimismo no se ven cumplidas en la medida en que ellos esperaban. Como la propia autora explica en este documento (2010): “los efectos del optimismo en el sistema inmunitario parecen ser exquisitamente sensibles tanto a las demandas como a los obstáculos inherentes a la situación … dependiendo de las propias fortalezas y debilidades de cada persona, una decisión puede tener efectos positivos o negativos para la salud“. La propia autora abundó aún más en el tema con este otro trabajo: la disminución de la respuesta inmunitaria durante las relaciones sociales se debe a una desviación de recursos energéticos, puesto que el mantenimiento de relaciones sociales presenta un coste energético que afectaría al sistema inmunitario.

Un trabajo que no quería dejar de citar, es uno del 2010 que se titula “Cuando la felicidad nos hace egoístas, pero la tristeza nos hace justos“. En varios experimentos realizados mediante el juego del dictador, demostraron que cuando una persona tiene el poder de repartir recursos entre ella misma y otras, las actitudes positivas incrementan el egoísmo, mientras que las actitudes de tristeza (no sé si traducir mejor por “actitudes compasivas”) producen una mayor equidad. Como se explica aquí, “los resultados contradicen el dicho popular de que las emociones positivas conducen a unos resultados sociales positivos“.

Y para terminar, sobre las actitudes egoístas existe un elegantísimo trabajo, consistente en realidad en tres estudios (en esta noticia se explica con más detalle), en el que se concluye que las personas se muestran felices en actitudes egoístas cuando no tienen más opción, y que cuando se muestran egoístas perjudicando a otras su nivel de felicidad es menor. Por ejemplo, en uno de los estudios, se dio un dinero a los participantes; en unos casos se les daba la opción de gastarlo en ellos mismos o de donarlo a UNICEF; en otros casos se les decía que lo debían gastar en ellos mismos; y en otros casos, se les permitía únicamente donarlo. Resultó que en el primer caso, el nivel de felicidad reportado por los participantes no difería en si se lo habían gastado en ellos mismos o si lo habían donado, pero lo interesante es que, en el caso en que se les dio opción sólo de gastarlo en ellos mismos, el nivel de felicidad era mayor. Es decir, si se es egoísta porque no se tiene otra opción, se es más feliz. Probablemente el sentimiento de culpa tenga algo que ver en esto.

No es que ahora me dedique a la psicología y a la autoayuda, pero ha abierto mi interés sobre el tema el libro de Eparquio Delgado, “Los libros de autoayuda“, a través del cual he llegado al del Ehrenreich, ambos igualmente recomendables. Así que se me ocurrió recopilar en este artículo una serie de enlaces, algunos citados en alguno de los lilbros y otros no, por poner en orden un poco todas estas ideas. La conclusión final es que, desde un principio, el pensamiento positivo, y la psicología positiva, tienen todos los tintes de ser una pseudociencia. Inventadas de la nada, ahora se buscan aquí y allá algunos trabajos científicos que los justifiquen, y parece que la cuestión es mucho más compleja que el manido latiguillo “todo está en tu actitud interior“.

Les dejo con un resumen sobre la idea central de “Sonríe o muere, la trampa del pensamiento positivo“:

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